Esa espina eres tú

-Hace tiempo que te noto diferente… ¿Te pasa algo?

-No, es sólo que estoy un poco cansada. ¿Por qué lo preguntas?

-Ah, cansada. Pues…descansa, porque llevas entonces más de un mes cansada y eso no es normal.

-… vale, tú ganas. Hay cosas que son muy difíciles de explicar, pero ya es hora de que lo suelte todo. Imagina que hubiera palabras que no pudieras decir, palabras que te taladrasen la garganta. Imagina que hubiera preguntas que no pudieras hacer… preguntas que te destrozan el corazón poquito a poco. Pues eso es lo que me pasa.

-Pero…que yo sepa, no te he hecho nada para que lo pagues conmigo. Sabes que siempre he estado ahí para ayudarte, sea lo que sea.

-Lo sé, y te lo agradezco, pero esta vez no puedes ayudarme.

-¿Por qué no? ¿Qué pasa conmigo?

-No es eso. Es que tengo una espina clavada en el corazón.

-¿Y por qué no me dejas que te la quite?

-Porque no quiero perderte. No quiero que te vayas.

-No lo entiendo. ¿A qué viene eso ahora?

-Esa espina eres tú.

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¿Qué riesgo mayor vale la pena correr?

Miedo a amar.

  • Miedo a amar. ¿Qué puede haber más hermoso? ¿Qué riesgo mayor vale la pena correr? Con lo bonito que es entregarse a la otra persona, confiar en ella y no pensar en nada más que en verla sonreír. El amor más hermoso es un cálculo equivocado, una excepción que confirma la regla, aquello para lo que siempre habías utilizado la palabra “nunca”. Qué tengo que ver yo con tu pasado, yo soy una variable enloquecida de tu vida. Pero no voy a convencerte de ello.El amor no es sabiduría,es locura… Y mi amor, eres tú. Ala si, ya lo he dicho, te he llamado amor.
  • Hace veintiún días, ocho horas, dieciséis minutos y veinticuatro segundos que te estoy esperando.
  • ¿Y qué quieres decir con eso? En mi caso hace más de dieciocho años que te espero y nunca me he quejado.

Entonces se baja del coche. Se acercan, se quedan en la carretera, con el sol rojo que ya empieza a desaparecer detrás de aquel horizonte lejano, hecho de mar.

  • Quería ver cuanto tiempo eras capaz de esperarme.
  • Si tenías que llegar un día, te habría esperado toda la vida.

 

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La vida es un túnel sin salida.

Todo estaba oscuro. No se veía absolutamente nada. Estaba atrapado en un túnel interminable, un túnel que parecía no tener principio ni fin. No tenía conciencia del paso del tiempo. No sentía hambre, ni sed, ni sueño… Era todo tan extraño…

De repente, un chorro de luz me invadió. Las imágenes pasaban a toda velocidad por mi lado. Mi madre, mi padre, regalos, paisajes, playas, la luna, sonrisas, miradas, abrazos, lágrimas… Al principio estaba muy asustado. Las imágenes habían llegado tan bruscamente que casi me había mareado, pero una vez me acostumbré… era una maravilla. El mundo entero estaba pasando ante mí, con sus alegrías y sus penas, lo bonito y lo feo, lo más grande y lo más insignificante…

El tiempo pasaba sin que yo me diese cuenta. Entonces, de pronto, la luz se fue haciendo cada vez más y más tenue… hasta que volvió la oscuridad. Recuerdo las últimas imágenes que vi: madera oscura, tierra, pequeños trozos de cielo…

Y dejé de respirar, de ver, de sentir…

Y llegué al final del túnel.

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Flightless bird.

Flightless bird.

“La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.”

Y pensar que un poema de Rubén Darío, te ayudaría a sentirte mejor cuando menos te lo esperabas, que te ayudaría a pasar ese típico Domingo en el que te despiertas por la mañana y sólo quieres llorar, en el que tu casa es una fábrica constante de bostezos, y que encima de la mesa te esperan varios libros de texto, dispuestos a destrozarte con palabras inintenigibles, y que no tienen ningún significado para tí, y menos ahora que tu cabeza deambula cerca de él.

Pero de repente, ves este poema en una esquina de la mesa, en un folio blanco, y en tu mp3 está sonando “Flightless Bird, American mouth”, y se escapa esa maldita lágrima que habías intentado tanto guardar, “..have i found you… flightless bird, jealous, weeping or lost you..” Y cae esa lágrima, y piensas, ¿por qué no llorar? ¿Por qué no desahogarme con esa vaca de peluche que está sobre la cama? Y explotar, y tirarlo todo por la borda, la casa por el tejado. Y la gran pregunta de todas esas lágrimas es, ¿Por qué? ¿Para qué llorar, para qué toda esta tontería? ¿Las cosas no salen bien, y qué? Tienes 15 años, la niña bonita, si todo te sale mal, ¿por qué no olvidarlo todo y dejarlo estar? La vida pasa, y el tiempo es lo único que no podemos comprar. No merece la pena dejar pasar los segundos, los minutos, las horas, los días, pensando en lo que pasó en el pasado, en lo que no ocurrió ¡Adelante! Sé feliz. Mándalo todo a la mierda, y disfruta como no lo has hecho nunca, ¡por que cada día te haces mas viejo, y cada día la vela se apaga más! Todas las cosas tienen algo bueno, nuestra labor es encontrarlo, y saberlo disfrutar. Sonreír a la vida, y darle las gracias. Y siempré habrá alguien ahí dispuesto a escucharte, por muy solo que te sientas, porque al fin y al cabo, siempre acaba abiendo 2 ó 3 buenas personas en el mundo.

¡Sigue adelante y no te hundas!

  • Puede que no sea hoy, ni mañana, pero tengo miedo de que un día empiece a llorar y no pueda parar y se inunde la habitación y nos ahoguemos los dos.
  • Aprenderé a nadar.

Y todo gracias a un poema, una canción, y una madre.

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Una última calada…

Caminaba solo. Tenía las manos entumecidas del frío. Procuraba no pisar los pequeños charcos para no manchar sus vaqueros desgastados y caídos. Había olvidado la chaqueta en casas, pero no podía volver. Tenía que conformarse con su camiseta azul eléctrico.

El viento se escondía entre las olas de su cabello dorado. Se le estaba enfriando la mente, y aquello era lo que menos deseaba en ese momento, que se le congelasen las ideas.

Para solucionarlo, sacó un cigarrillo, lo encendió y le dio una larga calada. Cuando exhaló el humo, una nube grisácea lo envolvió, confundiéndose con el blanquecino vaho que salía de sus orificios nasales.

El brillo del extremo del cigarrillo iluminaba tenuemente la interminable y oscura avenida. Era un brillo mortecino, cualidad que podía aplicarse también al joven. Caminaba alicaído, arrastrando sus anchas zapatillas por el camino del olvido, como si no pudiera levantar los pies del suelo, de la tierra, de la vida…

Dejó caer la ceniza y, al hacerlo, descubrió la inmensidad de recuerdos que acababa de incendiar. Había destrozado su vida, y ahora la estaba haciendo desaparecer.

Acabó el cigarrillo, lo tiró al suelo y lo pisó. Sintió cómo pisaba su corazón. Se desplomó en el suelo. Una nube de humo lo rodeó, apareció una chispa, todo se turbió y… desapareció.

En su lugar apareció una cajetilla de tabaco y un mechero. Quizás alguien lo necesitaría tanto como él.

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Descubriendo Nunca Jamás.

Nunca Jamás

Cuando el primer niño rió por primera vez, su risa se rompió en mil pedazos que saltaron por los aires en todas direcciones, y así fue como aparecieron las hadas. Por eso debería haber un hada para cada niño y cada niña. Aunque hoy en día los niños saben tantas cosas que dejan de creer muy pronto en las hadas.

– Amor.
– ¿Amor?
– Amor.
– No sé lo que es eso.
– Creo que sí, Peter. Seguro que tú también lo has sentido, por algo… o por alguien.
– Nunca. Hasta la palabra me revienta.

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Si pudiera volar…

Mi único deseo desde siempre había sido poder volar.

Si puediera volar, viajaría lejos, muy lejos. A un lugar donde no existieran la mentira ni la tristeza…y me llevaría una cajita con un poco de alegría guardada por si las moscas.

Pero el problema es que la mentira y la tristeza son cosas que vienen de fábrica con las personas, entonces tendría que irme a un lugar donde no hubiera personas, y eso sería más triste aún…

Entonces lo único que podría hacer sería intentar plantar un poquito de alegría en los corazones de todas las personas y esperar a que hiciera efecto. La mentira no desaparecería del todo, pero la tristeza sí. Por algo habría que empezar.

La otra opción era quedarse en un lugar donde no hubiera nadie y esperar a que alguien como yo llegase. Pero eso era demasiado arriegado.

Al final opté por lo más fácil. Me quedé en mi casa con la felicidad encerrada en una caja, la tristeza golpeando mi ventana y el amor al otro lado de la puerta.

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